¿Por qué el coronavirus puede convertirse en el nuevo virus estacional?

En cuanto llegué el calor está crisis pasará”. “Todo apunta a que habrá un nuevo brote de coronavirus en octubre-noviembre”. “El conoronavirus será la nueva enfermedad estacional, la nueva gripe”.

Sí, sí y probablemente sí, pero… ¿Por qué?

Cada invierno vuelve la gripe. Es así, lo tenemos interiorizado. Nos vacunamos, nos protegemos y hasta hay quien recurre a la intervención divina con tal de no contagiarse. Es nuestro “villano” más conocido, le tenemos calado y sabemos (o creemos saber) que lo tenemos controlado.

Sin embargo, un nuevo villano ha llegado a la ciudad y lo está haciendo bien, no cabe duda. Ha conseguido paralizar el mundo, ¡una pandemia en el año 2020! Y nosotros que creíamos que lo sabíamos todo… Así que, aquí estamos, el SARS-CoV-2, más conocido como coronavirus, nos mata, nos asusta y nos tiene en casa confinados. Nos pasamos el día esperando a que nos dé una tregua y llegue la calma, retomar nuestra vida. Y de repente, nos cae esa losa: “en invierno habrá un repunte”, “será un virus estacional”. ¿Cómo? ¿Pero si aún estamos librando la batalla y nos vienen con esto? ¿Por qué?

¿Qué provoca que los virus sean estacionales?

Podemos pensar que los virus se toman unas vacaciones, que se van a la playa y se tostan al sol como hacemos todos. O también, poniéndonos en su piel, ¿a quién le apetece infectar un cuerpo sudoroso?

Pero no, los virus no se toman vacaciones. Su objetivo en la vida es infectarnos (a nosotros o al organismo diana que tengan) y lo van a hacer sí o sí, con mayor o menor facilidad. Y es ahí donde radica el por qué, en las dificultades que se encuentren a la hora de infectarnos.

Obviamente el virus más estudiado en cuanto a su estacionalidad es el virus de la gripe o virus Influenza. Pero podemos extrapolar, las cuestiones generales al SARS-Cov-2 y a muchos otros virus que causan enfermedades respiratorias estacionales.

Con lo cual, la primera pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿qué cambia de una estación a otra?

1. La temperatura

En verano hace calor y en invierno hace frío. Uy, menudo descubrimiento, ¿verdad? Pero es que la temperatura tiene un importante efecto sobre la actividad viral, particularmente en los virus envueltos, como es el caso del virus de la gripe o del coronavirus.

La temperatura va a afectar a la estabilidad de la bicapa lipídica que lo protege y a la estructura de las glicoproteínas. Sin embargo, la temperatura no solo afecta a la “armadura” de los virus, sino que también hay estudios que sugieren que las temperaturas altas afectan a la actividad de las polimerasas víricas, con lo que reduce su poder de multiplicarse y por tanto su poder de infección.

Pero además, por supuesto, la temperatura también nos afecta a nosotros, sus hospedadores.

Las bajas temperaturas afectan al movimiento nuestros cilios. Los cilios son pequeños pelitos de nuestras mucosas que se mueven continuamente para evitar que los patógenos puedan colonizar las mucosas, y, por tanto, entrar en nuestro organismo. Las bajas temperaturas, provocan que los movimientos ciliares sean más lentos, con lo cual facilitan la entrada de cualquier patógeno que llegue a nuestro tracto respiratorio, incluidos los virus.

El frío afecta también a nuestro comportamiento, ya que, ¿qué hacemos en invierno? Nos juntamos los unos con los otros en sitios calentitos, ¿verdad? Quedamos en los bares, en las casas, en los centros comerciales, en los colegios…Todos bien juntitos para que los virus salten de unos a otros como los piojos. 

2. La humedad relativa

Los virus se transportan de unos a otros en pequeñas gotas que se mantienen en el aire o que nos lanzamos los unos a los otros cada vez que estornudamos, tosemos o moqueamos. De ahí que la distancia de seguridad sea tan importante para prevenir los contagios.

Estas gotitas van a ser el “hogar” de los virus cuando están fuera de nuestro cuerpo. Por lo tanto, el tamaño de la gota y la composición de sales van a condicionar que, o bien los virus estén como en su casa, y, por tanto, sean estables, o que por el contrario sea tan hostil que acaben por inactivarse. La temperatura y la humedad relativa del ambiente van a afectar a todos estos parámetros.

3. Las horas e intensidad de luz solar

La radiación UV causa daños en el material genético de los seres vivos, y en este caso, los virus no son una excepción. Una mayor exposición a la radiación solar provoca mayor inestabilidad genética en los virus y, por tanto, una menor capacidad infectiva. Durante el verano, no solo tenemos más horas de luz solar sino también una mayor intensidad de la radiación UV.

Además, la radiación UV también nos afecta a nosotros, ya que es esencial para la producción de vitamina D. En invierno, solemos tener carencia de la misma por una menor exposición solar, lo que afecta a nuestro sistema inmunitario, es decir, a nuestras defensas.

4. El aire y la contaminación

El aire es un factor de propagación muy importante, ya que funciona como un tren de alta velocidad de las partículas transmisoras de los virus, de tal manera que su área de propagación sea más amplia. Además, se ha observado que la presencia de partículas contaminantes puede ser un vehículo de en la transmisión de la gripe pediátrica.

Por lo tanto, los virus estacionales no se esconden ni desaparecen en verano, simplemente las condiciones hacen que les sea mucho más difícil multiplicarse y llegar a infectarnos, y que nosotros desarrollemos la enfermedad y por tanto los síntomas. Nuestra misión debe ser ponerles las cosas muy difíciles en invierno:

  • Mantén la distancia de seguridad.
  • Tose y estornuda sobre el codo.
  • Utiliza pañuelos desechables.
  • Vacúnate.
  • Y sobre todo… #Quédateencasa

Un día más, es un día menos… ¡A este virus lo paramos todos!

 


BIBLIOGRAFÍA

Price, R. H. M., Graham, C. & Ramalingam, S. Association between viral seasonality and meteorological factors. Sci. Rep. 9, 929 (2019).

Baker, R. E. et al. Epidemic dynamics of respiratory syncytial virus in current and future climates. Nat. Commun. 10, 5512 (2019).

Dalton, R. M. et al. Temperature sensitive influenza A virus genome replication results from low thermal stability of polymerase-cRNA complexes. Virol. J. 3, 58 (2006).

Sooryanarain, H. & Elankumaran, S. Environmental role in influenza virus outbreaks. Annu. Rev. Anim. Biosci. 3, 347–73 (2015).


 

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