Ibuprofeno y paracetamol: los acompañantes menos temidos cuando bebemos alcohol

Todos hemos escuchado alguna vez frases tipo “¿Qué te has tomado? ¿un paracetamol? ¡Entonces no pasa nada! Bebe tranquilo” O por el contrario nos llegan cosas como: “Si te tomas un ibuprofeno antes de beber te mete un pelotazo que no veas… Yo lo hago siempre” ¿Qué hay de cierto en estas afirmaciones? ¿Qué nos pasa si mezclamos los principales antiinflamatorios con el alcohol?

Las bebidas alcohólicas nos acompañan cada día. No hay celebración que no implique una copa de vino, unas buenas cañas o una copa de champán. Es algo aceptado por nuestra sociedad, alcohol es sinónimo de fiesta, diversión y celebración.

El alcohol no es saludable nunca

Vamos a partir de la base de que el alcohol no es beneficioso nunca, ni una cerveza al día, “ni una copita de vino es bueno para el corazón”, ni nada de eso. Todos hemos oído hablar de abuelos milenarios que bebieron toda su vida un vaso de vino y se murieron siendo más viejos que Matusalén y con la fuerza de un roble. Sin embargo, la evidencia científica nos dice que beber alcohol, aún en dosis muy bajas, afecta a nuestra salud. Y si ya hablamos de mezclar el alcohol con fármacos, tenemos un combo perfecto para poner a nuestro cuerpo en problemas.

Desactiva tu Sistema Nervioso Central y a disfrutar

El alcohol es una de las sustancias psicoactivas más consumidas del mundo. Porque sí, por muy aceptado que esté en la sociedad, el alcohol es una droga que provoca la depresión de nuestro Sistema Nervioso Central (SNC). Esta depresión se hace patente rápido tras su consumo, y de repente, nos vemos cantando y bailando sin pudor, o incluso nos lanzamos a hablar en otro idioma de manera fluida.

¿Y qué podemos decir de todos los enamorados que tras un par de copas han reunido el valor para acercarse a su media naranja? El alcohol ha dejado a Cupido por un aficionado en el amor.

Y claro, ¿cómo va a ser malo algo que me produce tantas cosas buenas y que está tan aceptado? He aquí el principal problema, que no vemos el peligro a priori. ¿Pero que nos ocurre si tras estos placenteros momentos de desinhibición seguimos bebiendo? Pues si seguimos incorporando alcohol a nuestro cuerpo, iremos provocando una depresión más y más fuerte del SNC. Lo que conlleva a una pérdida paulatina la consciencia, pérdida del control sobre nuestro cuerpo y de la conciencia. En situaciones extremas se produce una depresión respiratoria, el famoso coma etílico, que puede terminar en la muerte.

Qué paciencia tiene nuestro hígado a veces…

La función principal de nuestro hígado es limpiar nuestro organismo, eliminar las toxinas que nos empeñamos en darle. Y cómo no podía ser de otra manera, también es el encargado de limpiar nuestro cuerpo de nuestros excesos con la bebida.

La vía principal por la que se metaboliza el alcohol es la vía de la Alcohol Deshidrogenasa (ADH). Existen varios tipos de ADH (isoenzimas) que cumplen con la misma función, es decir, metabolizan el alcohol, con mayor o menor eficiencia. Esta enzima se encuentra en el hígado y en estómago. Sin embargo, cuando el consumo del alcohol es muy elevado, parte se va a metabolizar por la vía del Citocromo P450 en el hígado. Esta vía, es utilizada para el metabolismo de muchos fármacos, desecadenando muchas de las reacciones que se producen en nuestro cuerpo cuando mezclamos alcohol y fármacos.

De lógica es pensar que si tomas fármacos cuyo objetivo es deprimir el SNC, como los tranquilizantes o los relajantes, y les añades alcohol… El cóctel va a ser un aumento muy significativo de esta depresión del sistema nervioso y síntomas como la somnolencia, letargo, pérdidas de memoria, depresión respiratoria, serían mucho mayores. Esta es una combinación muy peligrosa, ya que puede desencadenar en una depresión respiratoria, y por tanto en la muerte. Todos (o casi) sabemos que mezclar estos fármacos con el alcohol podrían ser fatal. Pero cuando hablamos de antiinflamatorios… Ahí no esta tan claro.

San Paracetamol y San Ibuprofeno

Qué poquito miedo le tenemos a estos fármacos ¿eh? Son tan comunes en nuestro día a día que pocos nos importa ya los efectos secundarios que puedan tener, los tomamos como churros: que me duele la cabeza, ibuprofeno, un pie, ibuprofeno, la barriga, paracetamol, tengo resaca, paracetamol. Que uno no me hace efecto, pues me tomo dos, total ¿qué es lo peor que me puede pasar?

Y si tomarlos no nos da ningún miedo, este miedo es también inexistente cuando los mezclamos con alcohol. Iremos por partes, ya que el ibuprofeno y el paracetamol, aunque parezcan lo mismo por sus usos, no tienen el mismo mecanismo de acción.

  • Paracetamol

El paracetamol inhibe la síntesis de prostaglandinas, sustancias que estimulan las terminales nerviosas del dolor, con lo que bloquea la generación del impulso doloroso.

Cuando el paracetamol se metaboliza a nivel hepático se genera una toxina llamada N-acetil-p-benzoquinoneimina (NAPQ1, para los amigos). Para luchar contra esta toxina, las células hepáticas secretan glutatión, un tripéptido con alto poder antioxidante. Sin embargo, si el consumo de paracetamol es muy elevado, se generan grandes cantidades de NAPQ1, agotando las reservas de glutatión del hígado. ¿Resultado? Daño hepático, que puede llegar a ser fulminante. Por todo ello, la dosis máxima de paracetamol es de 3 gramos al día, superar esta dosis implica un riesgo elevado de sufrir un daño hepático.

Si a este potencial daño hepático, le sumamos otro tóxico como es el alcohol estamos sumando papeletas para que nuestro hígado sufra.

  • Ibuprofeno

En el caso del ibuprofeno se encuentra incluido dentro de los antiinflamatorios no esteroides (AINE). Su efectividad como antipirético, analgésico y antiinflamatorio hace que se utilice para el alivio de muchos tipos de dolores cotidianos.

El ibuprofeno se metaboliza en el hígado e inhibe la acción de algunas enzimas. Así, cuando se mezcla con grandes dosis de alcohol de forma esporádica, se produce una interacción a nivel hepático que provoca una ralentización en el metabolismo hepático del alcohol, es decir, el hígado tarda más en eliminar el alcohol de nuestro cuerpo, con lo que sus efectos se multiplican. He aquí el famoso “pelotazo”, cuyo desenlace puede ser una grave intoxicación.

Pero no todo queda ahí, su consumo combinado también aumenta el riesgo de sufrir una lesión en la mucosa digestiva.

¡Cuida tu hígado! Él se pasa el día cuidándote a ti…

 

 

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