Espejito, espejito… ¿qué neuronas activamos hoy?

¿Os habéis fijado alguna vez como los bebés repiten nuestros gestos y los imitan? ¿O cómo imitan nuestros movimientos faciales a la hora de articular sus primeras palabras? Pues sí amigos, aprendemos por imitación y eso es innato en nuestra mente de primates.

Hoy vamos a hablar sobre neuronas, pero más específicamente sobre un tipo de neuronas conocidas como «neuronas espejo».

Lo primero que tenemos que saber es qué es una neurona ¿no creéis? ¡Pues allá vamos!

El término neurona proviene del vocablo griego neyron (nervio) y se trata de un tipo celular cuya función es captar información y trasmitirla mediante impulsos eléctricos. Para cumplir su función, las neuronas tienen una estructura definida que se basa en la presencia de un cuerpo o «soma»,  encargado de procesar la información que le llega a través de unas ramificaciones llamadas «dendritas» que actúan como antenas captadoras de información. Por último, tiene una prolongación más larga que las dendrítas, que es el «axón», cuya función es trasmitir la información a través de impulsos nerviosos.

¿Qué tienen de especial las neuronas espejo? 

No se trata de neuronas especiales, ya que no existen diferencias estructurales con otro tipo de neuronas. Sin embargo, como ya nos está indicando su nombre, tienen la capacidad de funcionar como un espejo ¡Bam! ¿Qué aclaratorio no?

Cuando realizamos una acción, como por ejemplo coger una cuchara y llevárnosla a la boca para comer se activan unas determinadas regiones cerebrales. Pero además, y es aquí donde está la miga, si hay una persona que nos está observando mientras lo hacemos, se le van a activar las mismas regiones cerebrales que a nosotros. Impresionante… ¿no creéis? Por eso se conocen como neuronas espejo, porque como si se tratara de un reflejo, la actividad cerebral/neuronal en el individuo que lleva a cabo la acción es la misma que la del individuo que la visualiza.

El primer investigador que descubrió este tipo celular fue Giacomo Rizzollatti en experimentos con monos observó que cuando un individuo realizaba un movimiento las áreas premotoras respondían como si en realidad lo estuviera realizando. Estos primeros hallazgos, se pudieron demostrar con posterioridad en humanos, abriendo la puerta a un campo de estudio que nos ha ayudado a entender muchos de nuestros comportamientos innatos.

Nosotros por intuición, ya aplicamos estos principios. Por ejemplo, sin que nadie nos haya explicado nada, nos plantamos un bebé en las piernas, lo ponemos frente a nosotros y le repetimos una y otra vez articulando de manera exagerada las palabras «Mmmmaaammmá, ppppaaaappppá».

¿Pero os creíais que solo los papás desarrollaban este superpoder? ¡Pues claro que no! Todos hemos ido a una clase de deporte, de baile o de canto, en la que el profesor se pone enfrente del grupo y realiza una acción para que nosotros la repitamos. A ti ya te pueden explicar una y otra vez todos los músculos que tienes que mover o apretar para alcanzar una postura de pilates, que hasta que no las ves hacer, no eres capaz de hacerla. Pues ahí están nuestras neuronas espejo trabajando a tope.

Y es que, aunque sea sin darnos cuenta, todos hemos observado  que existe un mecanismo innato en el ser humano que nos hace poder imitar y por tanto, aprender a través de esa imitación. Esta es una vía de aprendizaje mucho más fácil, ya que aprender partiendo de la observación es más sencillo que aprender a partir de descripciones verbales, por precisas y detalladas que sean.

Los mecanismos cerebrales que subyacen a esta imitación nos muestran cómo observar a alguien moverse activa áreas cerebrales similares a las activadas al producir movimientos uno mismo. Es decir, nuestro cerebro imita las acciones de otras personas aunque nosotros no las hagamos. Esto es muy interesante, ya que nos abre la posibilidad de mejorar muchas de nuestras habilidades simplemente visualizando la acción. Este fenómeno es muy conocido en el mundo del deporte de élite, ya que la anticipación a los movimientos de tu contrincante puede marcar la diferencia entre un resultado u otro.

Las neuronas espejo lejos de ser una mera curiosidad, son muy importantes para comprender la mayoría de los aspectos de la naturaleza humana, como la evaluación de los actos y las intenciones de los demás o para afrontar aspectos en el ámbito de las ciencias del comportamiento como la empatía, la imitación, la imaginación e incluso en el ámbito político o comercial. Ahora por ejemplo, está muy de moda aprender neuromarketing o técnicas de neuroventas. Y es que conocer cómo funciona nuestro cerebro nos facilita las relaciones y las respuestas que podemos conseguir del resto de personas.

Existen además estudios  que relacionan los síntomas y el desarrollo de patología como el autismo con un déficit o alteración en este sistema de neuronas espejo.

Por lo tanto, si sabemos que de manera involuntaria tendemos a imitar lo que observamos… ¡quitemos la mala cara y pongamos una buena sonrisa! Total, lo peor que te puede pasar es que la contagies.

 

 

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