Cigarrillos electrónicos: El lobo vestido con piel de cordero

Los que ya vamos teniendo una edad podemos recordar el boom de los cigarrillos electrónicos. Se vendían como la panacea para dejar de fumar. Parece una alternativa fácil, limpia y sana para eliminar el gran problema del tabaquismo en nuestra sociedad. Pero ¿es oro todo lo que reluce?

Aunque su comercialización en China data de primeros de siglo, no fue hasta la década del 2010 cuando el concepto de “la alternativa sana de fumar” se extendió como la pólvora y su consumo se incrementó de manera significativa en todo el mundo. Los adultos empezaron a consumir los cigarrillos electrónicos, como cuando los niños jugaban con los cigarrillos de chocolate, algo inocuo que les divertía y les saciaba esa necesidad de nicotina que les pedía su cuerpo.

¡La felicidad en forma de cigarrillo electrónico!

El cigarrillo electrónico se creó con el fin de convertirse en un aparato eléctrico que sustituyera a los cigarrillos convencionales, aportando de manera más saludable la dosis de nicotina que requería el fumador convencional. Puestos a conseguir una réplica lo más parecida a un cigarrillo convencional, el cigarrillo electrónico conseguía que al succionar el aire a través del mismo, la punta se iluminara e incluso emitiera una especie de humo que simulaba la combustión de los cigarrillos convencionales (¡ni un detalle se dejaron!).

Su estructura básica se basaba en:

  • Un cartucho que contenía nicotina y propilenglicol.
  • Un vaporizador (“atomyzer”), donde se producía la combustión para simular el humo.
  • Una batería para proporcionar la energía de funcionamiento del cigarrillo electrónico.

Todo lo bueno… ¡Puede mejorar!

Lejos nos queda hoy ese primer cigarrillo electrónico. En los últimos 10 años se ha producido una gran revolución en el mundo de los cigarrillos electrónicos, tanto es así, que hasta su nombre ha cambiado por uno mas cool y ahora son conocidos como “vapeadores”.

Y la revolución no sólo ha llegado a su nombre, ¡que va! Hoy en día existen multitud de modelos, formas, colores, los hay con nicotina, sin nicotina y con multitud de sabores. Atrás queda el aburrido sabor del tabaco tradicional, en la actualidad se comercializan sabores de todo tipo de frutas, de menta, de caramelo… ¡Incluso existe un sabor denominado “Breackfast cereal” (cereales de desayuno)!

Aunque la gama de modelos es muy amplia, el mecanismo de los vapeadores de hoy en día es el mismo que el de los old fashion cigarrillos electrónicos: la persona succiona el aire a través del dispositivo y al exhalar expulsa un “vapor” al medio ambiente. Entrecomillo lo de vapor, porque veremos que de vapor no tiene nada, sino que su denominación más adecuada será mezcla de aerosoles.

Mucho “boom” y poca investigación

La moda de los cigarrillos electrónicos, como ocurre con muchas modas, se desencadenó tan rápido que no se hicieron muchos estudios que avalaran esa supuesta inocuidad y lo desbancaran del Olimpo de las cosas saludables. Sin embargo, hoy en día ya existen estudios rigurosos que demuestran los efectos tanto del propio consumo, como sobre los fumadores pasivos que estamos expuestos a los “humos” de los cigarrillos electrónicos o vapeadores.

5 piezas de fruta, sí, pero no fumadas

Un estudio muy reciente de la Universidad de California analizó los componentes de los sabores más consumidos en los cigarrillos electrónicos: sabores cítricos y afrutados. Como ya os podéis imaginar, para conseguir tan exóticos sabores en un aparato eléctrico donde se produce una combustión, no se utilizan pedacitos de naranja, frambuesa o de fresa, sino que se consiguen a partir de combinaciones de sustancias químicas que en conjunto van a simular el sabor requerido.

Analizando los sabores preferidos por los consumidores, se encontraron entre 22 y 47 productos químicos a diferentes concentraciones, 18 de los cuales tenían la capacidad para dañar a las células de los bronquios. De entre las combinaciones de aromas y sabores, aquellas que contenían la combinación de etil maltol, furaneol, maltol, etil vanilina, alcohol bencílico y vanillina, eran las más dañinas en los estudios sobre las células bronquiales humanas.

Ahora este es el punto en que alguno de vosotros pensará, “¿Y solo con su presencia es suficiente para producir un daño en mis células?” Y la contestación es que no. Cabe destacar y clarificar que el daño que un compuesto provoca en nuestras células es dependiente de la concentración que hay de dicho componente y del tiempo de exposición al que estemos sometidos. Sin embargo, en este caso, se encontraron dosis citotóxicas, es decir, capaces de producir daño en las concentraciones analizadas.

¡Ya consumimos muchos de ellos!

Algún alumno aventajado que sepa un poco de seguridad alimentaria podrá saber que estos seis compuestos, al igual que muchos de los otros compuestos aislados en los aerosoles emitidos por los cigarrillos electrónicos han sido aprobados para su uso en alimentación y han demostrado ser seguros para su consumo. Sin embargo, el hecho de que estén aprobados para el consumo, por ejemplo, por vía oral, quiere decir que se han aprobado para ser consumidos por esa vía. Sin embargo, en este caso estamos en otro universo, las sustancias químicas están siendo calentadas y posteriormente inhaladas, con lo cual los límites de toxicidad y los daños que pueden causar en las vías respiratorias deben ser estudiados para esta situación particular.

No solo en la esencia está el problema

No solo se ha demostrado que las sustancias que inhalamos provenientes de las diferentes esencias o sabores de los cigarrillos electrónicos puedan producir daño. Diversos estudios, han demostrado que determinados modelos de cigarrillos electrónicos son responsable de la aparición de metales pesados en los aerosoles que producen, provenientes de los componentes físicos que los forman, las soldaduras de estaño, las abrazaderas de latón, las mechas… Entre todos los metales, destacan carcinógenos conocidos, como el cromo, el plomo o el níquel.

Desinformación = Problema

La idea de que fumar cigarrillos electrónicos o vapear es saludable y que no tiene consecuencias para la salud tanto de fumadores activos como de fumadores pasivos es falsa y es un mensaje muy calado en la sociedad.

Todos debemos conocer las consecuencias reales y, si pensamos que estamos acariciando a un dulce cordero, no nos coma el lobo.

BIBLIOGRAFÍA 

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  2. Hua, M. et al. Identification of Cytotoxic Flavor Chemicals in Top-Selling Electronic Cigarette Refill Fluids. Sci. Rep. 9, 2782 (2019).
  3. Trtchounian, A., Williams, M. & Talbot, P. Conventional and electronic cigarettes (e-cigarettes) have different smoking characteristics. Nicotine Tob. Res. 12, 905–912 (2010).
  4. Olmedo, P. et al. Metal Concentrations in e-Cigarette Liquid and Aerosol Samples: The Contribution of Metallic Coils. Environ. Health Perspect. 126, 027010 (2018).
  5. Williams, M., Li, J. & Talbot, P. Effects of Model, Method of Collection, and Topography on Chemical Elements and Metals in the Aerosol of Tank-Style Electronic Cigarettes. Sci. Rep. 9, 13969 (2019).

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3 comentarios en “Cigarrillos electrónicos: El lobo vestido con piel de cordero

  1. Excelente artículo, divulgativo y a la vez riguroso científicamente.
    Hace falta información sobre los cigarrillos electrónicos, la gente los utiliza y no sabe lo que esta aspirando ni el daño que le puede ocasionar.
    Enhorabuena Alba

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