Cáncer capítulo 2: Ciclo celular… ¡Divide y vencerás! ¿Estamos seguros?

Bueno, pues vamos con la segunda entrada de la saga del cáncer. Si te has perdido el primero capítulo, ¡corre a leerlo! ¡¡¡¡No se pueden empezar las sagas por la mitad!!!!

Como dijimos en el capítulo anterior, habíamos definido el cáncer como un conjunto de enfermedades complejas basadas en una proliferación continua de células transformadas que acumulan importantes daños genéticos y epigenenéticos. Por lo tanto, tendremos que saber qué significa eso de proliferación continua y por qué es tan peligroso ¿no creéis?

Para que una célula prolifere, es decir, se divida en dos células hijas, tienen que ocurrir una serie de procesos que en conjunto se conocen como ciclo celular. El ciclo celular va a tener dos partes muy diferenciadas, la interfase, en la cual la célula se prepara para dividirse, y la mitosis, donde se produce la división celular propiamente dicha.

Todos provenimos de una única célula que a lo largo del desarrollo embrionario se va dividiendo en nuevas células y que a su vez, éstas células se van diferenciando. Esto es una obviedad, ¿no? Por intuición, todos hemos podido pensar que las células de la piel no se parece a las células del hígado, y así con la multitud de tipos celulares que forman nuestro organismo. Pues efectivamente, nuestras células a lo largo de nuestro desarrollo van adquiriendo una serie de características y perdiendo otras, lo que se conoce como diferenciación celular. Una de las características más importantes que pierden las células al diferenciarse es la capacidad para dividirse. Todos hemos oído esa típica frase de «Sí, sí, tu sigue cogiéndote esas borracheras, que te vas a quedar sin neuronas» (No mintáis… Todos lo hemos escuchado alguna vez). Pues esto es cierto, hay algunos tipos celulares que una vez alcanzado su estado de diferenciación ya no se dividen, se mantienen en un estado de reposo denominado Fase G0 o quiescencia.

En un individuo adulto la mayoría de las células se encuentran en este estado de quiescencia, con excepción de las células de la médula ósea, algunos tejidos epidérmicos y las células intestinales. Aunque parezca que las células en esta fase están «rascándose la tripa al sol», nada más lejos de la realidad, es un estado metabólicamente muy activo ya que las células tienen muchas funciones a parte de dividirse. Cada una de ellas tiene su función vital  para la que ha sido creada y ese es su papel protagonista. Si todas las células solo se dedicaran a reproducirse sin sufrir diferenciación, no seríamos seres humanos, sino un amasijo de células que crece sin ton ni son… ¿Y a qué os recuerda esto? Pues sí, a un tumor.

Pero sigamos con el tema importante de hoy, como hemos dicho antes, el ciclo celular se divide en dos partes, la interfase y la mitosis, pero como ocurre casi siempre, por no decir siempre, los procesos celulares no son tan sencillo, y por supuesto cada una de estas partes se divide en varias fases.

INTERFASE

La interfase es la etapa del ciclo donde la célula se va a preparar para dividirse.

Fase G1: en esta fase las células van a incrementar su biomasa y su tamaño (como la famosa hormiga del cuento, acumulan todo lo necesario para poder cumplir con su tarea).

Fase S: en esta fase se produce la replicación del ADN, es decir, la célula va a crear una copia exactamente igual de su material genético, el ADN.

Fase G2: en esta fase la célula prepara toda la maquinaria para llevar a cabo la división. Hay que tener en cuenta que este proceso tienen que estar muy, pero que muy bien controlado, ya que en un futuro debe formar dos células hijas perfectas a todos los niveles. ¡No hay madre más exigente con sus hijas… que las propias células!

Una vez que termina la fase G2, pasamos a la fase de mitosis o fase M, donde se produce la división propiamente dicha.

MITOSIS

Aunque parezca que esta etapa del ciclo es la más importante, ya que da como resultado final la generación de esas dos «perfectas células hijas». La realidad es que la mitosis ocupa solo un 10% del ciclo celular.

Convencionalmente se divide a 4 fases:

Profase: el material genético que se encuentra descondensado, es decir, sin tener una estructura definida, se condesa formando a los famosos cromosomas. Si recordáis, en este punto en que las células entran en mitosis poseen el doble de material genético, ya que en la fase S se había duplicado el ADN. Debido a ello, cada cromosoma va a estar formado por dos partes genéticamente iguales, llamadas cromátidas, unidas solamente por un punto conocido como centrómero.

Metafase: se caracteriza por la formación del huso mitótico o huso acromático. Este huso acromático está constituido por un conjunto de cables celulares, llamado microtúbulos, que se van a unir a cada cromátida (recordemos que cada cromátida hermana es una copia de la otra) y serán los encargados de separarlas y transportarlas a lo que serán cada una de las células hijas. En esta fase, además se produce una duplicación del del centrómero por autoduplicación (¡necesitamos uno para cada célula! Hay que prevenir futuras peleas fraternales… ¡Equidad!).

Anafase: es el momento en que tanto los centrómeros hermanos, como las cromátidas hermanas migran hacia cada uno de los polos de la célula dirigidos por los microtúbulos. En el caso de los humanos tenemos  46 cromosomas, los cuales se habrán duplicado en la Fase S de la Interfase. Como os podéis imaginar es muy importante que cada una de las copias de los cromosomas sea llevada al lugar correspondiente de la célula, ¡tiene que ser un trabajo de precisión absoluta!.

Telofase: Una vez que los materiales genéticos de las células hijas se encuentra en cada polo de la células madre, el siguiente paso es que los cromosomas empiezan a descondersarse, es decir se relajan, ¡ya han llegado a buen puerto! Con el fin de proteger al material genético, se forma la envoltura nuclear.

Una vez que el material genético se ha dividido y se han formado los núcleos de las células hijas, lo único que queda es que se divida el citoplasma de la célula, proceso conocido como Citocinesis.

Teniendo en cuenta que el cáncer es una enfermedad basada en una proliferación descontrolada de la células, ya os podéis imaginar que existirá un gran número de puntos de control y niveles de regulación que van a estar muy relacionados con la dinámica del cáncer…

¡No hagan zapping! ¡Nos vemos en la siguiente entrega de la saga!

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