Cambio de hora, jetlag y otras «maldades» que le hacemos a nuestro reloj interno

¿A ti también te machaca el cambio de hora? ¿Cuando viajas el jetlag hace que los primeros días de vacaciones parezcas más un zombie que una persona? ¿Odias el turno de noche en el trabajo? Pues la culpa es de tu reloj interno, y tranquilo, nos pasa a todos.

Como animales que somos, durante la mayor parte de nuestra evolución nos hemos regido por los ciclos de luz y oscuridad. Durante las horas de luz realizamos nuestras actividades, y en cuanto llega el ocaso nos dormimos y comienza nuestra fase de descanso. Por lo tanto, no es demasiado llamativo que nuestros procesos biológicos se hayan adecuado a estos ciclos de luz y oscuridad. Lejos está el concepto machista de que sólo las mujeres tenemos un reloj biológico que suena de vez en cuando para marcar nuestro deseo de ser madres. Todos los humanos, hombres y mujeres, tenemos un reloj interno que regula multitud de procesos biológicos. El conjunto estos procesos que se repiten a intervalos regulares de tiempo se les denomina ritmos circadianos.

Si odias las rutinas, esto no te va a gustar

Si eres de los que odia las rutinas, no te va a hacer ninguna gracia saber que nuestro cuerpo repite cada día de forma cíclica muchos de sus procesos biológicos, y lo hace así, sin preguntarte ni nada.

Los ritmos circadianos son oscilaciones de las variables biológicas en intervalos regulares del tiempo, que en otras palabras se podría decir que son procesos que se producen en nuestro cuerpo todos los días a la misma hora (aproximadamente). La palabra circadiano procede del latín “circa” que significa “cerca de» y “díes” que significa «días». Como ya os podéis imaginar, a estas oscilaciones periódicas se les atribuyó este curioso nombre porque en los mamíferos nuestro ritmos se repiten cada aproximadamente 24 horas, es decir, cada día, así de egocéntricos somos para todo. Pero que esto no nos despiste, los ritmos circadianos no solo están presentes en mamíferos, sino que estos patrones repetitivos son frecuentes en otros animales, en plantas y en multitud de microorganismos.

¿Dónde se encuentran nuestro reloj biológico? ¡Que me lo quiten, ya tengo bastante con el despertador!

En mamíferos, en realidad no existe un único reloj biológico, sino varios. El principal, y el que marca a los demás la “hora precisa” se encuentra localizado en el hipotálamo, y más concretamente en el Núcleo Supraquiasmático (NSQ). Pero no podemos obviar que también existen relojes periféricos que se encuentran localizados en células de diferentes tejidos y que también tienen su papel protagonista en la regulación de muchos procesos celulares.

Y así como a un reloj antiguo tenemos que darle cuerda para que funcione, para que el nuestro funcione también necesita ser activado. El chute de energía para que el NSQ se active es nada más y nada menos que… ¡la luz!

En mamíferos las células ganglionares de la retina son las encargadas de trasmitir la información lumínica desde los ojos hasta el hipotálamo, activando el NSQ, que provocará una cascada de señales que influyen en multitud de procesos.

¿Es eso luz azul? ¡Que no me toque, que no me toque!

¡La luz azul está de moda! Gafas que nos protegen de la luz azul, cremas que nos protegen de la luz azul, maquillaje que nos protege de la luz azul… Tanta protección tanta protección, que al final el disfraz de luz azul va a ser el más terrorífico del próximo Halloween.

¿Pero por qué nadie nos explica qué carajos es la luz azul?

La luz es una onda, y por lo tanto, pertenece al espectro electromagnético. Sin embargo, de todas las ondas que existen, nuestras retinas solo van a poder excitarse y enviar señales, cuando las ondas se encuentran dentro del rango de luz visible, es decir, cuando tienen una longitud de onda entre los 380 nanómetros (luz ultravioleta) y los 780 nanómetros (luz roja). Pues dentro de este estrecho rango, se encuentra la luz azul (460 – 480 nanómetros).

Pues esta temida luz es la principal activadora de nuestro reloj interno principal, es decir, el núcleo supraquiasmático a través de la retina.

¿Esto en qué se traduce? Pues que si son las 12 de la noche y nos ponemos a ver la tele, la pantalla del móvil, la tablet… Todos ellos potentes emisores de  luz azul, nuestro NSQ se va a activar, y vamos, ya quisiera el gallo despertar nuestro cerebro de forma tan eficaz por las mañanas.

¿Qué regulan los ritmos circadianos?

Cuando la luz activa el NSQ, éste va a activar unos genes conocido como genes reloj o genes Clock que se expresan de manera rítmica en muchos tejidos. Estos procesos de activación y desactivación de genes van a regular muchos procesos de nuestro cuerpo. El más famoso es el control del ciclo sueño-vigilia, es decir, el hecho de que nos entre sueño por la noche y estemos activos por el día (aunque no siempre lo consigue los lunes).  Sin embargo, todo el metabolismo celular está sincronizado con los ciclos de luz/oscuridad, de tal manera que todos los metabolitos implicados presentan una expresión cíclica y constante. Esta expresión cíclica influye en muchos procesos biológicos, como la secreción de melatonina, la termorregulación corporal, el latido cardíaco o la producción de muchas hormonas.

Sociedad 24/7 igual a sociedad desregulada

Lejos nos queda ya la vida en la que nos regíamos por lo horarios solares. Ahora vivimos en una sociedad en la que la vida no para, y tenemos ciudades iluminadas en las que no sabemos si es de día o de noche, turnos nocturnos, programas en el Prime Time que no nos dejan ir a la cama pronto y claro, nuestro cerebro se enloquece. Ya no tiene un patrón claro que le diga cuándo se debe activar o cuándo desactivarse, y claro nuestro ritmos circadianos se ven claramente afectados.

La mayoría de los convenios de trabajadores incluyen un plus de nocturnidad, lo que deja intuir que bueno, lo que se dice bueno, no va a ser para nosotros. Por propia experiencia podemos observar que el descanso nocturno no es igual que el diurno. Nuestro cuerpo «no descansa igual», aunque el número de horas haya sido exactamente el mismo. Podemos atribuir este mal descanso al ruido de la sociedad activa a tu alrededor, o a la mala costumbre de dormir a esas horas. Sin embargo los problemas no se quedan ahí.

La desregulación del reloj circadiano se asocia con mayor debilidad, cansancio y pérdida de la atención, lo que podemos observar empíricamente tras una «noche toledana» sin dormir. Sin embargo, sus efectos van mucho más allá. Los procesos de desregularización del patrón circadiano se asocia con una predisposición mayor al desarrollo de enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson, la obesidad, la diabetes o la hipertensión, ya que muchos de ellos se encuentran influidos por las expresiones de los genes Clock.

 

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