Brecha de género: ¿Qué dice la ciencia?

Hoy, 11 de febrero, se celebra el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Hoy es el día en el que muchos cuñados queman twitter diciendo que a ver por qué las científicas necesitan un día especial, que si la ciencia entiende de méritos y no de género, que si ya no hay discriminación en ese entorno… ¿Puede ser que tengan razón? Por si alguien ha llegado a este enlace un tanto despistado, recordaré que estamos en un blog de ciencia. Así que, vamos a dejarnos de opiniones e impresiones personales y vamos a ver qué dice la ciencia sobre la supuesta brecha de género.

“Draw a scientist”

Antes de empezar con la ciencia propiamente dicha, te propongo un ejercicio. Coge papel y lápiz (o utiliza tu imaginación si no los tienes a mano). Dibuja a una persona que se dedique a la ciencia. Real o imaginaria, no importa. Intenta visualizar todos los detalles que puedas: color del pelo, estatura, constitución física, vestimenta… ¡Tómate tu tiempo!

Algunos dibujos del estudio “Draw a scientist” de Chambers (1983)

¿Ya? Ahora, responde a esta pregunta: La persona que has dibujado, ¿es un hombre o es una mujer? Este ejercicio que te he planteado se basa en un estudio realizado en 1983 por David Chambers, en el que pedía a casi 5000 niños y niñas que dibujaran a un científico (ten en cuenta que el término “scientist” carece de género). ¿Os atrevéis a adivinar cuántos dibujaron mujeres científicas? ¡¡¡Sólo 28!!! ¡Un triste 0,6%! Puedes pensar que este estudio está un poco desfasado. ¿Habrá mejorado la cosa en los últimos años? Parece ser que David Miller también se hizo esa pregunta, así que en 2018 publicó un trabajo basándose en los dibujos realizados por más de 20.000 niños y niñas. En este caso, las mujeres científicas protagonizaron el 28% de los dibujos, un resultado menos catastrófico pero que tampoco es para tirar cohetes.

Un dato curioso es que hasta los 6 años, los niños y niñas tienden a dibujar hombres y mujeres por igual. La balanza se va desequilibrando con la edad, a la vez que aparecen los estereotipos asociados a los científicos. Es la ausencia de referentes femeninos en libros de texto, películas, noticias o incluso en el entorno, la que engaña a nuestro cerebro haciéndole creer que la ciencia es sólo cosa de hombres.

Desmotivando a las niñas

Un mundo en el que el estereotipo del hombre científico es especialmente evidente es, sin duda, el de las matemáticas, la ingeniería y la tecnología. El mismo cuñado del que hablaba al inicio de esta entrada te diría que “es normal, ya que el cerebro de las mujeres no está tan preparado para la lógica y los números como el del hombre”. Y seguramente no sea la primera vez que escuchas una barbaridad como ésa… Lo cierto es que hombres y mujeres tenemos las mismas capacidades para las matemáticas. Pero entonces, ¿por qué hay tan pocas mujeres en esa rama de la ciencia? Uno de los motivos puede ser la falta de motivación que sufren desde la infancia. Y es que hasta los propios profesores llegan a infravalorar las aptitudes matemáticas de las niñas. Cuesta creerlo, ¿verdad? Te voy a mostrar dos estudios reales para que veas que no me lo invento.

Estudio nº1. Tenemos una clase de niños y niñas de educación primaria. Se realizan dos exámenes de matemáticas: uno es anónimo y será corregido por evaluadores externos; el otro es un examen normal con nombre y apellidos que será corregido por los profesores habituales. ¿Quién saca mejores notas, los niños o las niñas?

Las niñas sacaron mejores notas en el examen anónimo. Curiosamente, cuando los profesores conocían el género del alumno, las niñas obtuvieron peores resultados. Lo peor de todo es que, más allá de una simple nota, la discriminación cometida por los profesores (asumimos que inconscientemente), puede tener consecuencias a largo plazo. Y es que las niñas que fueron infravaloradas, obtuvieron peores calificaciones en cursos posteriores. Además, evitaron elegir las asignaturas optativas relacionadas con las matemáticas y las ciencias. Lógico: si por mucho que te esfuerces no obtienes los resultados esperados, lo normal es que te desmotives y termines dedicándote a otra cosa que se te dé mejor y en la que te valoren como mereces.

Estudio nº2. Unos científicos crean un montón de exámenes de física ficticios a los que asignan nombres de supuestos estudiantes. Todos los exámenes son idénticos: hay una pregunta sobre un concepto de física y en todos los casos plasman exactamente la misma respuesta. Los exámenes son enviados a más de 700 profesores y profesoras para que los corrijan. De nuevo nos preguntamos, ¿quién saca mejores notas, los niños o las niñas?

El resultado: los exámenes que pertenecían a las supuestas niñas recibieron peores calificaciones que los de los niños, independientemente de que lo corrigiera un profesor o una profesora. Los profesores más novatos llegaron a darles a las niñas hasta 0,9 puntos menos que a los niños. Sin embargo, los docentes con más de 10 años de experiencia puntuaron a niños y niñas por igual. Parece que a ellos sólo les importó que el concepto de física estuviera bien explicado.

De la desmotivación al autoboicot

Y claro, si te dicen que las matemáticas no son para ti y los resultados de tus exámenes lo corroboran, al final terminas por creértelo. Y eso implica que tú misma te vas a poner barreras para avanzar, y por supuesto, una de las vías para evitar frustraciones y desencantos va a ser desterrar las matemáticas de tu vida. ¿Crees que estoy exagerando?

Este estudio demuestra cómo las niñas pueden llegar a autoboicotearse sólo con oír hablar de matemáticas. Los investigadores enseñaron el dibujo que veis a continuación a un grupo de niños y niñas.

Les pidieron que lo memorizaran para que luego fueran capaces de reproducirlo en un papel. Pero antes dividieron a la clase en dos grupos:

  • Al grupo 1 le dijeron que el ejercicio pretendía evaluar sus aptitudes en dibujo.
  • Al grupo 2 le dijeron que el objetivo era evaluar sus capacidades en geometría.

¿Resultado? A los niños les dio exactamente igual el propósito del ejercicio. Pero, ¿y las niñas? De nuevo, depende. Cuando creyeron que se trataba de un ejercicio de geometría lo hicieron mucho peor que cuando creyeron que era un ejercicio de dibujo. Es más, superaron a los niños en la prueba de dibujo, pero sacaron peores resultados que ellos en la prueba de geometría. ¡Si el ejercicio era el mismo! Creer que tienes un hándicap en una materia, puede llegar a generar tal presión y tal inseguridad, que finalmente acabas rindiendo peor.

Efecto Jennifer y John

Crecer con estos sesgos desde la más tierna infancia hace que de adultos no seamos capaces de deshacernos de ellos. Un ejemplo es el conocido efecto Jennifer y John, basado en un estudio realizado en 2012.

Los investigadores crearon dos currículos falsos con idéntico contenido: experiencia, formación, competencias, etc. La única diferencia es que uno pertenecía a Jennifer y el otro a John. Se pidió a 127 evaluadores de distintas universidades que valoraran a los dos candidatos para un puesto de jefe de laboratorio. ¿Quién crees que obtuvo la mejor calificación? Los evaluadores consideraron que John era más competente, tenía más posibilidades de ser contratado, le ofrecieron mayor tutorización e incluso estaban dispuestos a pagarle un sueldo un 10% superior que a su gemela profesional Jennifer. Curiosamente, hombres y mujeres tomaron la misma decisión. Es decir, las mujeres que tal vez sufrieron este tipo de discriminación en su carrera profesional, también creyeron que John era el mejor candidato.

Llegado este punto, ¿sigues creyendo que no es necesario un 11 de febrero? El primer paso para que dejen de producirse estas situaciones es tomar conciencia de ellas. En ese sentido estamos haciendo un buen trabajo, pero nuestra labor no termina aquí. Llega el momento de ponernos manos a la obra para cambiar la situación y para que el género no sea una barrera que nos impida llegar allá donde nos propongamos, sea en la ciencia o en cualquier ámbito de nuestra vida.

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