Agujetas: el propósito no deseado del Año Nuevo

Los excesos de las comidas navideñas, el alcohol de más en Nochevieja, y el remate final con el Roscón de Reyes provocan que uno de los primeros propósitos que nos prometemos en el año nuevo sea el deporte. Y es que con el último trozo de turrón aún en la boca, son comunes las frases: “No, no, mañana salgo a correr y lo quemo” o también “Mañana me voy a una clase de Crossfit”. Y claro, al día siguiente te levantas y te vas a correr, al gimnasio, o a obedecer las órdenes de un monitor muy cruel. Te sientes genial, productivo, has cumplido… Ese sentimiento placentero te dura hasta que al día siguiente te levantas y tienes agujetas hasta en las pestañas… ¿Y ahora qué puedo hacer? ¿Bebo agua con azúcar? ¿Reposo el músculo? ¿Repito el ejercicio para que se me pase?

Y es que, si enero es famoso por su cuesta, también es famoso por ser el mes de las agujetas. Empezamos el año motivados, intentando mejorar nuestra forma física y nuestra salud. Y, sin duda, si hablamos de comenzar con el ejercicio físico, los términos agujetas y dolor van ligados a este comienzo. Sin embargo, aunque todos las hemos sufrido alguna vez, aún existen muchos mitos y dudas sobre las agujetas, cómo prevenirlas o cómo eliminarlas.

Si hablamos en términos más científicos, las agujetas se definen como “dolor muscular de aparición tardía” (DMAT) (o en inglés, DOMS Delayed Onset Muscular Soreness). Por experiencia propia, sabemos que este peculiar dolor, aparece normalmente al día siguiente de la actividad deportiva, incrementándose comúnmente al segundo día, a partir del cual la tortura tiende a disminuir. Este incómodo dolor, viene además acompañado de un proceso de inflamación muscular, que hace que camines como Yoda durante un par de días.

“La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma”

Como ya intuimos de manera natural, nuestro cuerpo necesita energía para funcionar. Y claro está, necesitará más energía cuanto más ejercicio hagamos. Si la energía no se crea de la nada, ¿cómo la consiguen nuestras células? ¡Pues de todo el turrón que hemos comido en Navidad! Las células utilizan el combustible almacenado en los alimentos para generar ATP (adenosín trifosfato), una especie de “pila bioquímica”.

Sin meternos mucho en el fango, si hablamos del músculo, el principal combustible de las células musculares es la glucosa. Las células transforman la glucosa en diferentes moléculas (todos los estudiantes de Bioquímica hemos sufrido memorizando todas las moléculas que participan en la glucólisis y ciclo de Krebs), lo que les permite obtener su moneda energética, el ATP. Este proceso de obtención de energía a base de convertir unas moléculas en otras, se conoce como catabolismo celular. Sin embargo, además de conseguir su objetivo principal (su ansiado ATP), en las células se producen otras biomoléculas como resultado de los procesos metabólicos. Una de ellas, el ácido láctico o lactato, protagoniza una de las teorías más aceptadas durante años para explicar el origen de las agujetas.

Durante años, la comunidad científica conjeturó que las agujetas se producían por la formación de pequeños cristales de ácido láctico en el músculo, lo que provocaba dolor hasta que se conseguían eliminar. Esta teoría fue refutada gracias al estudio en personas que tenía la enfermedad de McArdle, un tipo de enfermedad rara que se caracteriza por la ausencia de una enzima glicolítica. Dicha ausencia provoca, entre otros síntomas, la imposibilidad de generar ácido láctico. Se observó que a pesar de que estas personas no generaban ácido láctico como producto del metabolismo muscular, sí que desarrollaban agujetas.

La refutación de esta teoría de los cristales de ácido láctico, rompe con ella dos mitos asociados a las agujetas:

  1. Tomar agua con azúcar:

¿Quién no se ha tomado un vaso de agua con azúcar cuando era niño después de un día intenso en Educación Física? Este remedio de la abuela, se fundamentaba en que, en teoría, esta solución mágica era capaz de eliminar los cristales de ácido láctico, y, por tanto, eliminar el origen de las agujetas.

Obviamente, si el origen de las agujetas no es la acumulación de ácido láctico, el remedio tampoco es válido.

  1. Repetir el ejercicio al día siguiente

Así como lo del agua con azúcar es poco común, el consejo de repetir el ejercicio aun con dolor, está aún arraigado a día de hoy. Este mito, también viene fundamentado sobre la errónea idea de la formación de cristales de ácido láctico. Se creía que “mover” el mismo músculo al día siguiente, provocaba la ruptura de los cristales, y, por tanto, favorecía su eliminación.

Ya sabemos lo que no son, pero, ¿qué son las agujetas?

La teoría más aceptada por la comunidad científica es que las agujetas son microrroturas de las fibras musculares, pequeñas lesiones provocadas por un sobreesfuerzo de músculos y tendones que no están acostumbrados al ejercicio de gran intensidad. Estas microlesiones provocan la acumulación de metabolitos que desencadenan una reacción inflamatoria en el músculo afectado, y, por lo tanto, dolor.

“No pain no gain”

Al igual que el “si no escuece no cura”, en muchos gimnasios, sobre todo antiguamente, nos encontramos el “sin dolor, no hay ganancia”. Se anima a practicar deporte con dolor, ya sea provocado por agujetas o por otros sobreesfuerzos.

¿Cuántas veces hemos escuchado la frase: “Si tienes agujetas, es que lo has hecho bien”? Sin embargo, el dolor es una señal que nos está dando el cuerpo para indicarnos que algo no va bien. Al igual que esto ocurre para un proceso infeccioso o para una indigestión, el dolor muscular nos está indicando lo mismo: lo que estás haciendo no está bien, has hecho un sobreesfuerzo para el que tus músculos y tendones no están preparados.

Pero ya tengo agujetas… ¡¡Qué puedo hacer!!

El método más eficaz son los antiinflamatorios, tanto por vía tópica como oral, ya que reducen la inflamación del músculo, y además actúan como analgésicos para el dolor. El reposo también es uno de los pilares para su tratamiento, y es que continuar con la actividad podría desembocar en un aumento de las lesiones musculares. Y por último, el frío. Aplicar hielo o técnicas de crioterapia, ayuda a disminuir la inflamación y produce analgesia local.

Nuestro cuerpo no está preparado para pasar de estar sentado en el sofá a correr cada día una maratón. Ten paciencia, no hagas sobreesfuerzos, deja que el cuerpo asimile el esfuerzo respetando el reposo que necesita y verás como se irá adaptando sin dolores ni lesiones.

BIBLIOGRAFÍA

Krueger, M., Costello, J. T., Stenzel, M., Mester, J. & Wahl, P. The physiological effects of daily cold-water immersion on 5-day tournament performance in international standard youth field-hockey players. Eur. J. Appl. Physiol. (2019). doi:10.1007/s00421-019-04274-8

Hohenauer, E. et al. Partial-body cryotherapy (-135 degrees C) and cold-water immersion (10 degrees C) after muscle-damage in females. Scand. J. Med. Sci. Sports 0–2 (2019). doi:10.1111/sms.13593

Heiss, R. et al. Advances in Delayed-Onset Muscle Soreness (DOMS) – Part II: Treatment and Prevention. Sport. · Sport. 33, 21–29 (2019).

Llavero, F. et al. Mcardle disease: New insights into its underlying molecular mechanisms. International Journal of Molecular Sciences 20, (2019).


 

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